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MIC News

Carta circular
del Superior General
en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la BVM
8 de diciembre de 2010

Prot. n. 261/2010

Queridos Hermanos,

Nuevamente, como cada año, estamos invitados a profundizar con ojos de fe en el misterio de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen y en su misión excepcional en la historia de la salvación. Alabamos a Dios por los milagros que realizó en María y que a nosotros, marianos, nos son dados y encomendados como signo, fuerza y gozo de nuestra vocación (cf. C 8).

Hoy nos abrazamos mutuamente con la oración, la gratitud y el amor fraterno. Dirigimos sentimientos de especial cercanía a los hermanos enfermos y de avanzada edad. Con alegría saludamos a los más jóvenes, que por primera vez viven esta fiesta con nosotros. En el misterio de la comunión de los santos recordamos y oramos por los que hoy no están con nosotros.

Este año, nuestra atención se concentra en los preparativos del capítulo general, que en la tradición religiosa es considerado un acontecimiento de la mayor importancia para el desarrollo de todo instituto religioso. Cada capítulo, aunque tiene lugar en un instituto religioso concreto, es un acontecimiento de toda la Iglesia. Es especialmente importante ahora, cuando el Santo Padre está abordando cuestiones fundamentales para la misión de la Iglesia en el mundo.

«Los fieles nos dejan y nos abandonan, y nosotros permanecemos en silencio»
Desde hace casi cuatro siglos existe en el Vaticano la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que promueve la actividad de la Iglesia en los países de misión. El 12 de octubre del presente año, el Papa Benedicto XVI instituyó un nuevo dicasterio vaticano, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, en cuyo radio de acción estarán los países cristianos que han sucumbido a una descristianización. Esta es una empresa que define una nueva estrategia de evangelización de la Iglesia del más alto nivel. En el motu proprio Ubicumque et semper, con el cual instituye el nuevo consejo, el Santo Padre advierte que “En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido afrontar el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha ido manifestando progresivamente en sociedades y culturas que desde hace siglos estaban impregnadas del Evangelio”. Las siguientes son las palabras del arzobispo Rino Fisichelli, primer presidente del Consejo: “El Papa Gregorio Magno dijo alguna vez: «Los fieles nos dejan y nos abandonan, y nosotros permanecemos en silencio». Pienso que la creación de este dicasterio es un claro signo para la Iglesia de que no podemos callar cuando los fieles abandonan la Iglesia. Si quizá hasta el momento hemos guardado silencio ante el alejamiento de la fe y al ver cómo se sucumbe pasivamente a las consecuencias de la secularización, ahora ha llegado el tiempo de pronunciarse con claridad y valentía, porque somos anunciadores del Evangelio”. Una prueba de lo mucho que le importa al Santo Padre la nueva evangelización es el hecho de que, poco después de instituir el Consejo, Benedicto XVI anunció que para el año 2012 el Sínodo de los Obispos estará dedicado a la nueva evangelización en el mundo contemporáneo.

En Vita consecrata leemos: Para hacer frente de manera adecuada a los grandes desafíos que la historia actual pone a la nueva evangelización, se requiere de la vida consagrada…” (cf. VC, 81). Efectivamente, las personas consagradas brindan desde hace siglos una contribución invaluable a la obra de la evangelización a través del seguimiento a Cristo y de una fervorosa labor apostólica. Desafortunadamente, los que por naturaleza deberían ser los primeros testigos y anunciadores del amor de Dios en el mundo, no siempre transmiten a este el rostro de Cristo, auténtico y vivificante. En un encuentro con los superiores generales, el Santo Padre dijo: “La cultura secularizada ha penetrado en la mente y en el corazón de no pocos consagrados, que la entienden como una forma de acceso a la modernidad y una modalidad de acercamiento al mundo contemporáneo. La consecuencia es que, juntamente con un indudable impulso generoso, capaz de testimonio y de entrega total, la vida consagrada experimenta hoy la insidia de la mediocridad, del aburguesamiento y de la mentalidad consumista” (Vaticano, 22 de mayo de 2006). En este mismo espíritu se pronuncia Eutimio Sastre Santos CMF, padre espiritual y teólogo: “Nunca antes se había hablado tanto sobre la consagración; pero nunca se habían rechazado tanto sus signos, empezando por aquellos que los deberían exigir. Los labios nunca estuvieron tan llenos de palabras sobre la opción por los pobres; pero nunca el estilo de vida había contradicho esa opción tanto como hoy. Nunca se había evocado con tanta frecuencia el llamamiento a seguir a Cristo; sin embargo, nunca antes se había seguido tan poco el camino de la cruz. Nunca la misión había sido tan pregonada como guía de los institutos; pero nunca antes los institutos habían estado tan perdidos. Nunca antes se habían dado a conocer tanto los «descubrimientos» del fundador; y al mismo tiempo, nunca antes había sido él tan negado en las constituciones corregidas, que deben ser signo de vida y fundamento de la refundación de su obra” (La vita religiosa nella storia della Chiesa e della società, Milan 1997, p. 982).

Ante estos problemas, el Prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal Franc Rodé, dirige a los religiosos un elocuente mensaje: “El cambio de mentalidad es algo apremiante, y es urgente considerar los grandes desafíos no como dificultades y obstáculos sino como nuevos kairós, como tiempo de gracia en el que aparece una inspiración vivificante del Espíritu. (…) Por lo tanto, se debe comprender y recuperar el sentido de ser fermento, signo profético y signo de esperanza” (Interrogativi e sfide alla vita consacrata, II Convegno diocesano dedicato ai religiosi, Neapol, 3 de febrero 2010).

La Concebida Inmaculada – inspiración y esperanza
En el marco de los preparativos para el capítulo, debemos querer sacar luz y fuerza del resplandor de la Inmaculada Concepción de María, para poder acoger la gracia renovadora de Dios.

María, sin mancha de pecado, desde el principio de su existencia expresa con su Persona una total disponibilidad a las inspiraciones y acciones del Espíritu Santo. No había en Ella nada que alterara la acción del Espíritu, que la modificara según su propia forma egoísta. Ella es totalmente disponible, receptiva a dejarse conducir por Él, que es fuente de santidad. El Espíritu Santo es Señor y Dador de Vida, pero a veces esta vida es frenada, bloqueada o hasta envenenada. Cuando el Espíritu Santo genera en nuestras mentes una idea que sugiere lo que vale la pena hacer en la Iglesia y en nuestra Congregación; cuando suscita en nuestras almas un impulso de la voluntad dispuesta a entregarse a ello, a veces de inmediato esa inspiración Divina se cubre con nuestros miedos, ambiciones, sueños o esperanzas egoístas y la imaginación nos muestra diferentes dificultades que sugieren que nos hacen falta fuerzas, que no vale la pena, que no hay para qué arriesgarse, porque de todas maneras nada va a cambiar o porque otra persona se encargará de eso. Y así el designio de Dios puede ser ahogado o desaprovechado. María Inmaculada nos muestra que uno puede entregarse al Espíritu Santo, que se puede creer en Su conducción, que con trabajo y humildad las sugerencias del Espíritu se pueden limpiar de nuestro egoísmo, ambición y resistencias.

La constante disponibilidad de María a la conducción del Espíritu Santo nos invita a esa disponibilidad pura, no manchada por nuestras ideologías, a Dios que santifica, que es la única fuente de vida en la Iglesia. Cuando decimos: “No mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia”, nos unimos a la fe de todos los santos en la historia de la Iglesia y, en particular, a la fe de Ella, que conduce la fe de la Iglesia, porque tenemos la esperanza de que será purificado en nosotros lo que bloquea el poder del Señor y Dador de Vida. Cuanto más nos sometemos a la conducción del Espíritu Santo, tanto más llegamos a ser testigos e instrumentos de su poder santificador; tanto más rápidamente encontraremos las soluciones para nuestra vida y ministerios, que indicarán lo que hoy es más necesario para la Iglesia de acuerdo con el espíritu de nuestro carisma.

El Espíritu Santo es quien nos descubre las venidas del Señor en la historia, nos explica los signos de los tiempos; es quien santifica y otorga los dones necesarios. Por nosotros mismos somos muy débiles, con frecuencia desvalidos ante el espíritu de la secularización, que a través de nuestros corazones y mentes penetra a nuestras comunidades. Llegaremos a ser muy fuertes cuando deseemos que a través del Espíritu Santo actúe en nosotros el poder sobrenatural de Dios.

Papel y significado del capítulo general
Debe verse cada capítulo como un acontecimiento salvífico del Señor que se introduce en la historia de una comunidad religiosa para “aquí y ahora” realizar la obra de la redención. El capítulo hace referencia a las santas reuniones del pueblo elegido durante las cuales el pueblo de Dios podía conocer y experimentar mejor la verdad sobre su elección y encontrar el impulso para renovar su fidelidad. El capítulo es para la comunidad un tiempo privilegiado de gracia, de intensa actuación del Espíritu Santo, que pone el cimiento debajo de todas las decisiones y obras Divinas.

La Congregación religiosa renovada por el poder del Espíritu será “sal de la tierra y luz del mundo” (cf. Mt 5, 13-14), pero si domina en ella el espíritu del mundo “ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente” (Mt 5, 13). De cada crisis, de cada situación difícil, la Congregación saldrá renovada si acoge, como María, al Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida. Por eso todas las decisiones del capítulo deben servir para disponer a los hermanos a recibir la gracia del Espíritu Santo. Si las resoluciones del capítulo se limitaran solamente al anuncio de obligaciones, sería irritante. En cambio, si el capítulo lo que hace es invocar aquí y ahora el poder que viene de lo alto, se vuelve fermento de renovación para toda la Congregación.

Necesitamos valentía Divina para romper con todo lo que en nuestra comunidad es obstáculo para avanzar siguiendo a Cristo puro, pobre y obediente. Necesitamos el don del discernimiento para conocer el significado de los dones excepcionales de Dios, como son la beatificación de nuestro Padre Fundador y el jubileo de nuestro rescate por parte del Padre Renovador. Necesitamos la luz de Dios para saber interpretar la actualidad de nuestro carisma en el contexto de los desafíos actuales y para responder a la pregunta de qué es lo específico que nuestra Congregación y cada comunidad de marianos puede aportar a la obra de la nueva evangelización.

El capítulo será una invitación a la conversión de la comunidad, que implica el trabajo de metanoia. Para hablar de la “obra” del Espíritu Santo, que el capítulo debería ser, es necesario hacer de sus preparativos y vivencia una gran oración y escucha de Dios. Tengamos en mente esta intención en especial cuando, al iniciar nuestras oraciones marianas a diario, invoquemos al Espíritu Santo. Pido encarecidamente a los hermanos enfermos y de avanzada edad que ofrezcan su sufrimiento por nuestras deliberaciones.

La preparación y el tiempo del capítulo son también momentos de escucha atenta de nosotros mutuamente. En este espíritu está trabajando la Comisión Precapitular, a la que ya desde hoy agradezco su trabajo y dedicación. Esta Comisión preparó y repartió a los hermanos una encuesta sobre cuestiones importantes de la Congregación. De corazón le agradezco a todos los que, al llenarla, dieron testimonio de su responsabilidad y amor por la Congregación. Al compartir los frutos de nuestras reflexiones y experiencias seremos mutuamente testigos de lo que significa ser mariano hoy. Gracias a la encuesta podremos conocer mejor nuestras alegrías y dolores, deseos y decepciones, lo cual nos ayudará a mirarnos a nosotros mismos en la verdad y a abrirnos más al poder sanador del Espíritu Santo y a la belleza de nuestro carisma. El capítulo será fructífero en la medida en que nos sometamos a la gracia transformante de Dios y en que las decisiones tomadas sean verdaderamente palabra de Dios para nosotros.

Conclusión
El capítulo elegirá nuevas autoridades de la Congregación para los siguientes seis años. Considero una gran gracia el haber podido servir a la Congregación en este período tan especial para nuestra comunidad, en el que tuvieron lugar la beatificación del Padre Fundador y el jubileo de nuestro rescate. Sabiendo que algún día tendré que rendir cuentas a Dios por mi administración (C 223), desde hoy le pido su misericordia. Agradezco a los hermanos por su oración. Sé que algunos de Ustedes con especial fervor me encomendaron, a mí personalmente, y también mi ministerio y mi salud. a Dios nuestro Señor. Agradezco de todo corazón a los consejeros generales, a los hermanos que trabajan en la curia general, a los sacerdotes provinciales y a muchos hermanos que fueron apoyo para mí y para el Gobierno General en nuestro trabajo. Agradezco a todos su testimonio de fe y fidelidad. Pido perdón si a alguien no mostré suficiente amor o de alguna manera le causé algún daño o lo ofendí. Le doy gracias a Dios por cada uno de Ustedes, porque cada uno sin excepción es un don invaluable de Dios para la Iglesia y para la Congregación.

La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen es la victoria más grande de Dios en un ser humano. Confiamos que Dios, por su amor, vencerá en el corazón de cada uno de nosotros y nos hará testigos de Su amor en el mundo.

Immaculata Virginis Mariae Conceptio sit nobis salus et protectio!


Jan M. Rokosz, MIC
superior general


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